jueves, 20 de noviembre de 2014

La ciudad y los perros – Mario Vargas Llosa


¿Cómo redactar la reseña una obra tan sorprendente? Mario Vargas Llosa se aseguró bien la fama a raíz de esta obra, merecidamente. En el Perú de los años cincuenta, entre las paredes del Colegio Militar Leoncio Prado, célebre a raíz de esta novela, se desarrolla una trama compleja alrededor de un instituto de educación militar destinada a adolescentes. Diversas historias entrelazadas recorren mediante un enfoque narrativo múltiple el enredado argumento, teniendo como principales protagonistas a Alberto –el poeta–, El Jaguar y el Esclavo; diferentes alumnos-cadetes protagonistas de una narración que se sucede entre clases, maniobras, turnos de imaginaría, novatadas y la multitud de sentimientos presentes en un estricto colegio militar al que las clases medias peruanas envían a sus hijos para que bien sigan la carrera militar o bien "se hagan hombres".

Todo empieza con una incursión fallida para robar unos exámenes, a raíz de la cuál quedan consignados sin poder salir del Colegio los imaginarias Alberto y el Esclavo, hasta que se descubra el responsable. A partir de ahí, se narran toda clase de vivencias y contradicciones internas del internado: las novatadas, humillaciones y venganzas entre los tres cursos, las escapadas del Colegio para visitar burdeles, los vicios a los que recurren los consignados, las vicisitudes de la primera sección de quinto curso –alrededor de la cuál se desarrolla la trama– con las tensiones de grupales internas, las vidas anteriores de Alberto y el Jaguar, las miserias materiales y morales del Colegio, los oficiales-tutores que no de nada se enteran, los amoríos en extramuros, etc. Finalmente, el Esclavo muere a causa de un disparo provocado, siendo el punto de inflexión de la novela y momento a partir del cuál se precipitan los hechos y se rompe el equilibrio interno de la sección y en la oficialidad, con una lograda tensión literaria. En suma, el autor construye,  entre las paredes del centro, un mundo aislado, descarnado, ingrato y desconocido hasta para sus mismos habitantes.

Sorprende, aún más, la reconstrucción de hechos que se va sucediendo a medida que los múltiples relatos de la novela van poco a poco desarrollándose, sin llegar claramente a entrelazarse, pero construyendo una narración unitaria en la que muy fácilmente se perderán los lectores menos avezados, pero cuya reconstrucción final nos muestran la habilidad del autor para entretejer con los diferentes hilos una novela que –sin pretenderlo– se vuelve adictiva. Cabe destacar también esa técnica literaria basada reproducir las reflexiones de los mismos personajes, muy logradas y parejas a pensamientos y razonamientos que muchas veces uno mismo piensa, pero sin recordarlo, encargándose Vargas Llosa de darles nueva vida, encajándolas en la novela y potenciando la caracterización de los personajes, hasta poder intuir como se sentirán o responderán. Además de eso, también la obra también reflexiona sobre las tensiones del poder y como afecta este a los individuos, pues cada uno de los personajes representa una posición dentro de una escala de dominación, que a su vez se somete a otra. En ese aspecto, la contraposición de las figuras del Jaguar –cadete dominante de la sección– y el Esclavo –cadete enclenque a quienes todos desprecian– resulta del todo ilustrativa, tendiendo una especial significación a la muerte del segundo.

Fotograma de la adaptación al cine de F, Lombardi, 1985
Finalmente, cabe decir que, en La ciudad y los perros, Vargas Llosa critica una forma de educación castrense que hiere a los cadetes y les impide desarrollarse enteramente como personas, empujándolos hacia la hombría tradicional basada en la violencia y el militarismo. Es también una crítica acerada al ejército peruano, dirigente del Colegio, que intenta tapar sus vergüenzas encubriendo el posible asesinato de un cadete, castigando a quienes se empeñan en descubrir la verdad del homicidio.

Sin duda, una curiosa y sorprendente novela que no dejará indiferente a ningún lector. Pertenciente al boom hispanoamericano de la segunda mitad del siglo XX, le valió al autor el premio Biblioteca Breve de 1962. Cabe decir que Vargas Llosa pasó por el Leoncio Prado, y se sirvió de sus recuerdos y impresiones para la confección de la obra, pese a no ser autobiográfica.


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